Hace bastantes años un niño de seis años tumbado boca abajo en el malecón de zarautz miraba al mar, a las olas, a los surfistas, era un día gris con nubes densas, observé que el niño, con los brazos flexionados, los antebrazos perpendiculares respecto al suelo, apoyaba su barbilla en las palmas de sus manos, los dedos se le veían colocados en su cara, los pulgares en la parte exterior, el meñique de ambas manos en la parte medial de la cara.
Llevaba un tiempo en esa posición mirando absorto, embebido, en trance. Su bicicleta tumbada en el suelo reposaba a su lado, de vez en cuando sin dejar de mirar al mar, con una mano, le daba un giro con fuerza a la rueda delantera que como la ruleta se ponía a girar. Me acerqué y quise entrar en su mundo de ese momento preguntándole algo, se me ocurrió decirle que el mar estaba muy bonito, que tenía un color verde azulado. No dejó de mirar a donde estaba mirando, escuchó tranquilo lo que yo le dije, dio un nuevo impulso a la rueda delantera de su bici para que girara y girara con fuerza, se mantuvo en silencio otro rato mirando al mar, y sin levantar la voz, sin mirarme me dijo; no es verde azulado el color del mar hoy, ahora, aquí, es verde oliva ...
Pensé en aquel momento que aquel niño era un oráculo del mar, el que se encargaba de definir su color cada día. Por lo que dijo, ahora al recordarlo, se me ocurre que aquel niño podía haber sido también un niño budista, uno de esos niños que desde muy pequeños vi v en en los monasterios ejerciéndose en la meditación. Pero no lo era, en el suelo junto a la bicicleta estaba también un paipo azul, bodyboard con su invento preparado para ser utilizado. Por lo tanto no era un niño lama, era un niño surfista...
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BIDEGAIN ALBERDI, IÑAKI
Editorial: HIRIA
Año: 2014
Idioma: Castellano
Tipo: Novela
Páginas: ---
ISBN: 978-84-9797-539-1
Disponibilidad:
EN EL ESTANTE (ARRUPENEA -IRUN-)







